Ademuz

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Situado sobre la ladera del cerro Zafranares (741m.) se trata de un histórico emplazamiento estratégico, tal y como atestiguan los restos de su castillo.

El territorio presenta una orografía accidentada, montañosa, siendo su altura principal la Sierra Tortajada (1.516 m.). Además encierran un gran interés paisajístico, el cerro de los Zafranares, el Pico Castro y el imponente Pico de La Muela.


Junto a la villa confluye el río Turia, que cruza el término de norte a sur, con su afluente el Bohilgues. Las aguas de ambos ríos son canalizadas a través de una histórica red de acequias fertilizando la Vega del Turia y los múltiples bancales escalonados de la rica huerta de Ademuz.


Los orígenes

Se acepta el origen árabe del topónimo Ad-daymús, aún sin unanimidad respecto a cual de las acepciones es de aplicación en este caso (cisterna, cueva o rincón).


De los numerosos restos arqueológicos se conoce la temprana ocupación de la zona, siendo el nombre del Pico Castro un topónimo de origen romano (castrum) que hace referencia a un posible campamento en la zona; sin embargo, la primera documentación se encuentra en fuentes árabes donde se hace referencia a su castillo.

La fortaleza musulmana de Al-Dāmūs fue conquistada por las tropas de Pedro II de Aragón, en el año 1210, con ayuda de caballeros hospitalarios y templarios, que fueron recompensados con bienes en la zona. Tras ser recuperada con posterioridad por los musulmanes Ademuz será finalmente incorporada al reino de Valencia por Jaime I de Aragón, junto con otra de las villas históricas de la comarca, Catielfabib, dotando a ambas de fuero propio y título de Villa Real.

Debido a sus características de emplazamiento estratégico y fronterizo Ademuz será especialmente sensible a los diferentes conflictos que se sucederán a lo largo de la historia.


Fue el punto de partida para el avance cristiano sobre los dominios de Al-Andalus y sufrió la influencia de la guerra entre los reinos de Castilla y Aragón, durante el siglo XIV, convirtiéndose en Encomienda de la Orden de Montesa.

Tras el terremoto sufrido en 1659 que provocó el derrumbe de la primitiva iglesia de San Pedro y cuarenta casas más, la fortaleza perdió sus torreones así como los lienzos de las murallas, aunque siguió manteniendo su función de emplazamiento estratégico tanto en la resistencia contra la invasión napoleónica o en las guerras carlistas, en el siglo XIX, como durante la guerra civil, en el siglo XX.