
Castielfabib se asienta sobre un pronunciado resalte rocoso en el valle del río Ebrón, culminado por un gran peñasco donde se levantó el castillo aprovechando sus características estratégicas para la defensa. Del recinto amurallado se conservan tres torres y varios lienzos de la muralla que se integran en las casas.
La pronunciada pendiente determina la arquitectura y urbanismo del pueblo, dando lugar a características singulares como casas de diferentes pisos, cada uno con acceso a calles diferentes o una red de estrechas y empinadas calles que sólo se puede descubrir a pie. Sólo la Plaza de la Villa constituye un espacio plano en medio de la irregular morfología y es el centro administrativo y comercial del pueblo.
Los orígenes
Remontándose las raíces de la villa a las civilizaciones ibéricas, es ese pasado romano el que avala el topónimo, derivado de Castrum Fabil, y el origen de diferentes paramentos del castillo.
Se conocen referencias del mundo árabe al castillo (Qastil al’Habib) como una fortaleza inexpugnable perteneciente a los reyes de Albarracín y que será uno de los puntos de partida para la Reconquista cristiana, que comenzara Pedro II en el año 1210 y que Jaime I continuaría.
Desde el siglo XIV las referencias a Castielfabib aluden a los diferentes conflictos que, durante las guerras de Castilla, Napoleónicas, Carlistas y Civil, ocasionaron continuos destrozos en el conjunto de la villa.




